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Editorial
Ayuno y penitencia Los creyentes tenemos dos armas
potentes para luchar contra el pecado y todo aquello que nos aleja de
Dios, a causa de los placeres y la comodidad mundana. Esas armas son el
ayuno y la penitencia. Poco practicados por la mayoría, el ayuno y la
penitencia nos ayudan a presentarnos ante el Señor con corazón contrito.
Con el ayuno preparamos el cuerpo y el espíritu para la oración, y con
la penitencia restauramos aquello que está roto en nuestras vidas,
después de haber recibido el sacramento de la reconciliación. Ayunar es
privarnos de aquello que llena al cuerpo o le da placer; hacer
penitencia es doblegar nuestro orgullo y reparar el mal causado.
En este tiempo fuerte que nos prepara para la Pascua, dispongámonos a
ayunar, no sólo de comida, sino de otras cosas como la diversión, la
murmuración, y la comodidad excesiva. Hagamos también penitencia en
favor de los necesitados, en el desprendimiento de cosas materiales, y
en la donación al prójimo.
Aprovechemos este tiempo favorable para aumentar nuestra práctica de
ayuno y penitencia, y el Señor nos devolverá el ciento por uno en
bendición y en aquello que él sabe que nos conviene.
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